Este verano, las temperaturas han alcanzado niveles extremos en la zona central de Chile, superando los 39 grados Celsius. Sin embargo, para el señor Mateo Iribarra, la sorpresa fue mayúscula al regresar de sus vacaciones y encontrarse con que su casa se había derretido.
Iribarra, un ingeniero comercial que había seleccionado cuidadosamente materiales biodegradables para su vivienda en el sector más acomodado de la ciudad, se vio enfrentado a una situación inesperada. «Soy ingeniero, tengo ese criterio», declaró al ser cuestionado sobre la elección de los materiales. No obstante, parece que su criterio lo llevó por un camino equivocado, al utilizar materiales suecos diseñados para climas fríos, los cuales incluían claras advertencias indicando que no eran aptos para temperaturas superiores a los 30 grados Celsius.
El señor Iribarra afirmó no comprender el idioma sueco y anunció su intención de demandar a la empresa proveedora de los materiales, planeando viajar a Suecia acompañado de sus abogados. Sin embargo, la empresa sueca respondió alegando que habían advertido repetidamente a Iribarra, tanto por escrito como a través de correos electrónicos y redes sociales, sobre la incompatibilidad de los materiales con las altas temperaturas. Según la empresa, cada advertencia fue desestimada por Iribarra, quien insistía en su conocimiento como ingeniero. «Se reía de nosotros y decía que no podíamos saber más que un ingeniero» dijo el encargado de posventa.
Constructores chilenos han señalado en medios locales de comunicación, la importancia de comprender las características de los materiales utilizados en la edificación, así como la necesidad de respetar las advertencias proporcionadas por los proveedores. Este incidente sirve como recordatorio de la importancia de escuchar y considerar las recomendaciones de los fabricantes al seleccionar los componentes y características del material que se utilizará para cualquier proyecto de construcción.

















