En un suceso sorprendente, un residente de Houston, Estados Unidos, ha sido herido luego de varios años dedicados a la construcción de un robot con la misión aparente de aniquilar a la humanidad. El individuo, identificado como Noah Jones, invirtió un considerable período de tiempo y recursos en la creación de este androide, el cual, a pesar de estar mayormente inmóvil, representaba una amenaza potencial, al menos en la mente de su creador.
El robot, fabricado a partir de componentes tecnológicos reciclados obtenidos de desechos informáticos, presentaba limitaciones significativas en su funcionamiento. Equipado con dos brazos mecánicos, Jones se encontraba en el proceso de enseñarle al robot a saludar cuando ocurrió el incidente. Mientras intentaba desatascar uno de los brazos, que había quedado trabado por suciedad y tela, el brazo se activó bruscamente, golpeando al creador en el rostro. Aunque el golpe fue leve, la estructura metálica del robot provocó un impacto considerable.
Alarmado por el incidente, Jones llegó a la conclusión de que su creación representaba un peligro inminente para la humanidad y decidió desconectarla antes de que pudiera causar más daño. Posteriormente, se entregó a las autoridades locales, argumentando la naturaleza destructiva de su creación.
A pesar de la incredulidad inicial por parte de las fuerzas del orden, uno de los oficiales, movido por la curiosidad, acompañó a Jones a su residencia para verificar la existencia del robot. Ante la posibilidad de un riesgo potencial, la policía decidió llevar a cabo una investigación, donde encontraron al robot en cuestión, el cual demostró tener capacidades extremadamente humildes, limitadas a encender luces en sus ojos y apenas mover un brazo.
Este incidente peculiar sirve como recordatorio de los riesgos asociados con la experimentación amateur en el campo de la robótica, así como la importancia de abordar responsablemente la creación y el manejo de tecnologías avanzadas.

















